Anaitz Arbilla: Una Leyenda Viva del Eibar
Sentarse frente a Anaitz Arbilla (Larraintzar, 1987) es encontrarse con una leyenda viva del Eibar. A punto de iniciar su décima temporada con el club, Arbilla se siente tranquilo y feliz de seguir disfrutando del fútbol en lo que considera su hogar.
En Ipurua, Arbilla ha vivido momentos de alegría y tristeza, pero sobre todo ha desarrollado un vínculo con el club que trasciende lo futbolístico. A sus 38 años, el capitán sabe que el final de su carrera se acerca, pero está decidido a disfrutar del fútbol hasta el último minuto, manteniéndose como un jugador imprescindible.
Pregunta: ¿Cómo se encuentra?
Respuesta: Mentalmente estoy bien. Venir a un lugar como Areitio es una motivación extra. Estoy feliz de continuar un año más, disfrutando del día a día y de mis compañeros. La temporada pasada formamos un gran grupo, muchos de ellos siguen y estoy contento con los nuevos.
P: ¿Cuestan más estas primeras semanas en lo físico o en lo mental?
R: Este último año me ha costado mentalmente. Después de tantas temporadas, al iniciar una pretemporada necesitas recargar energías y tener un motivo. Entrenar en Areitio ya es una gran motivación.
P: Han conseguido una Ciudad Deportiva de alto nivel.
R: Es una maravilla. Tener instalaciones propias era inimaginable hace 20 años. Toda la gente que fue parte de la historia del Eibar tiene que sentirse partícipe de esta Ciudad Deportiva. Debemos estar orgullosos de nuestra casa.
P: Afronta su décima temporada en el club. Casi nada.
R: Siempre quise seguir aquí, vinculado al Eibar. Me siento muy identificado con el club. En el fútbol es complicado lograr un vínculo tan especial. Me siento querido y con fuerzas, lo cual es importante, porque no solo cuenta lo emocional, sino que debo estar bien deportivamente. Terminé la temporada con buenas sensaciones, lo que me da confianza para enfrentar mi décimo año en el Eibar.
P: Hubo un momento en la pasada temporada en que pensé que lo dejabas.
R: Se generaron dudas, pero yo tenía claro que seguiría. La pubalgia me afectó mucho en la primera vuelta. Llegué a un punto en que no podía ni salir del coche sin dolor. Decidí operarme y en enero, al ver que las molestias disminuían, supe que podría continuar. Recuperé fuerzas y tuve una segunda vuelta digna.
P: Es el quinto jugador con más partidos en la historia del club.
R: Cumplir años y alcanzar cifras históricas me enorgullece. Estoy muy agradecido por el trato de todos, tanto dentro como fuera del club. Me siento valorado y afortunado.
P: Hay jóvenes que no recuerdan un Eibar sin Arbilla.
R: (Risas) A veces lo pienso. Mucha gente ha vivido la historia del Eibar conmigo. Diez años son muchos, es una etapa larga.
P: Incluso usted no será del todo consciente de lo que ha hecho.
R: Llevo un año dándome cuenta de todo porque sé que esto terminará tarde o temprano. Estos dos últimos años han sido un regalo. He sentido que el final podría haber llegado, pero alargarlo un poco más porque me encuentro bien es como una despedida prolongada. El sentimiento hacia el Eibar me da fuerzas para continuar.
P: Ha sido titular con varios técnicos. ¿Cómo lo hace?
R: Ser titular con tantos técnicos no es casualidad. A veces debo asumir responsabilidad porque tengo un peso importante en el vestuario. Es crucial saber gestionar las emociones durante la temporada para mantener la fortaleza.
P: ¿Temió el descenso la pasada temporada?
R: Sí, hubo momentos de preocupación, pero confiaba en el equipo. Aunque había pánico al estar abajo, sabíamos que éramos competitivos y que había equipos peores.
P: La salida de Etxeberria fue dura.
R: Fue doloroso porque les coges cariño a personas maravillosas. Etxebe y su equipo hicieron un gran trabajo. Son momentos que hay que vivir, respetar y dar la bienvenida al nuevo entrenador.
P: ¿Qué aportó la llegada de San José?
R: Aportó una energía diferente. Cuando las cosas van mal, un cambio puede funcionar. La exigencia sube y todos se ponen las pilas.
P: Parecía que si la temporada duraba cinco jornadas más, llegaban a ‘playoffs’.
R: Todos lo soñábamos. Veíamos que estábamos cerca, pero el tiempo no fue suficiente.