El Real Madrid supera al Rayo Vallecano en un partido complicado
El Real Madrid logró una victoria frente al Rayo Vallecano , pero lo hizo con más esfuerzo que claridad. Superó un examen con una nota que no refleja lo que se había preparado. Este triunfo, alcanzado en el último momento, dejó más preguntas que respuestas sobre el juego colectivo, un concepto que en Chamartín se considera esencial, pero que esta temporada brilla por su ausencia.
En el terreno de juego, varias figuras del vestuario llevan la carga de mantener la cohesión de un equipo que parece estar al borde del colapso. Uno de ellos es Fede Valverde , quien ha llevado a cabo una campaña marcada por el estoicismo. Como capitán —un rol que asume con la seriedad de quien conoce el peso del brazalete—, el uruguayo vive cada tropiezo como propio : la eliminación en la Copa, el descenso a los playoffs de Champions tras el 4-2 en Lisboa, y esa segunda posición en Liga que en el Madrid se siente amarga.
No es el escenario que había imaginado cuando Carvajal y Trent sufrieron lesiones y él asumió la responsabilidad del lateral derecho . Sin embargo, se remanga la camiseta mientras el equipo navega en aguas turbulentas. Lo paradójico es que su sacrificio personal a menudo pasa desapercibido. A raíz del episodio de Almaty , Valverde ha disputado 16 partidos como lateral derecho , una posición que no le corresponde, alejándose del área y de su influencia ofensiva.
A pesar de ello, ha conseguido un gol y nueve asistencias , cifras que reflejan su capacidad de adaptación. Como aquel potente tiro libre contra el Atlético en la semifinal de la Supercopa, un misil que se estrelló en el palo de Oblak. Valverde celebró con euforia, golpeándose la cabeza , liberando la tensión acumulada durante meses. Sabe que su mejor versión se manifiesta en el centro del campo, pero acepta el sacrificio como parte del contrato no escrito que firma cualquier capitán. El equipo primero, siempre.
Una misión común
La relación entre el vestuario y el Bernabéu atraviesa un camino complicado. Tras el descalabro en Lisboa, los silbidos volvieron al estadio ante el Rayo, un sonido que afecta a cualquier jugador, pero que en Chamartín duele especialmente. Tanto para Valverde como para el resto del vestuario, en especial para el capitán, que siente el escudo como pocos . Acostumbrados al apoyo de una afición que suele respaldar, ese ambiente hostil caló hondo. Reconstruir esa comunión es la prioridad más urgente del equipo.
Sin embargo, hubo un destello en el último partido, con el uruguayo como protagonista. Con el Madrid persiguiendo el 2-0, Valverde intentó un disparo desde la frontal que fue bloqueado por un defensor. El balón cayó a favor de Mendy y Ratiu , quienes salieron disparados hacia Courtois. Lo que siguió fue puro ADN charrúa. Valverde se lanzó en una carrera y logró detener al explosivo rumano cuando este ya estaba cerca de la portería. El Bernabéu se puso en pie y aplaudió a su capitán. En ese instante, se comprendió que el camino de regreso pasa por ahí: entregarse en esas acciones que no aparecen en las estadísticas, pero que son altamente valoradas por el madridismo. Un paso más en la complicada remontada del equipo.