El Sevilla enfrenta dificultades tras la victoria sobre el Barcelona
La contundente victoria del Sevilla sobre el Barcelona ha dejado a todo el fútbol español sorprendido. La estrategia de juego del entrenador Matías Almeyda fue efectiva no solo para desafiar a un equipo tan dominante como el azulgrana, sino también para maximizar las características de su plantilla. Sin embargo, aunque el triunfo fue meritorio, también reveló las virtudes y defectos de los hispalenses, quienes desde entonces han acumulado tres derrotas consecutivas en la liga con patrones de juego similares.
En lo que va de la temporada en LaLiga EA Sports, el Sevilla solo ha conseguido ganar un partido en el que tuvo más posesión que su oponente: fue en la victoria a domicilio contra el Alavés, donde los de Nervión alcanzaron un 51.7% de la posesión. En contraste, el resto de sus encuentros han terminado en derrota, salvo el empate contra el Elche, donde la posesión estuvo bastante equilibrada entre ambos equipos.
Actualmente, el Sevilla es el cuarto equipo con mayor posesión de balón en el campeonato, superando el 53%, solo detrás de Barcelona, Real Madrid y Elche. Esta tendencia ha ido en aumento en las últimas fechas, a medida que los resultados han sido adversos. Un claro ejemplo de esta situación se observó en el partido en Anoeta, donde a pesar de que la Real Sociedad planteó un juego más dominante, cedió la iniciativa a los sevillistas, quienes aprovecharon los errores individuales del rival para llevarse los tres puntos sin mucho esfuerzo.
Escasez en la creación
Mientras la estadística de posesión del Sevilla aumenta de manera ineficaz, el equipo se enfrenta a una notable falta de ataque por la zona central. La ausencia de un perfil más creativo en el mediocampo dificulta su capacidad para atacar a equipos que se defienden con mayor solidez, lo que les hace sentirse más cómodos en situaciones de contragolpe. "Todavía no encontramos nuestra línea media. Nos defendemos de una manera, pero no podemos atacar de otra", comentó Almeyda al respecto. El técnico argentino deberá reinventar su estrategia si desea volver a sorprender a sus rivales, quienes, hasta ahora, han logrado leer su juego con facilidad.