El vibrante empate entre Celta y Real Madrid en 1974

El vibrante empate entre Celta y Real Madrid en 1974

El 3 de noviembre de 1974, Celta y Real Madrid empataron a tres en Balaídos en un partido emocionante. Los tres goles del equipo blanco fueron anotados por Pirri, quien se convirtió en la figura más destacada de la tarde. A pesar de su actuación sobresaliente, las crónicas del encuentro no se centraron en él, ya que el partido se transformó en una crónica de incidentes.

El árbitro del encuentro, el internacional Pablo Augusto Sánchez Ibáñez, había dirigido previamente en el Mundial de Alemania, donde estuvo al mando del partido Argentina 4 - Haití 1. Sin embargo, en esta ocasión, los jugadores de ambos equipos complicaron la labor del árbitro sevillano desde el inicio.

Dos expulsados

Las críticas hacia la actuación del colegiado extremeño fueron contundentes. Se mencionó que “no acertó en sus decisiones, perjudicando claramente al Celta al aplicar un criterio anticasero en la mayoría de las jugadas. Abusó del diálogo con los jugadores y utilizó las tarjetas de manera desigual, lo que pudo haber provocado un grave altercado. Todo esto podría haberse evitado si, a los doce minutos, hubiera mostrado la tarjeta blanca a Benito por su dura entrada a Amado.” Así se leía en las páginas de MARCA.

En aquel entonces, las tarjetas eran blancas y rojas, y aún faltaban un par de años para que España adoptara el color amarillo, ya en uso en el resto del mundo del fútbol. Esto se debió a una curiosa historia relacionada con la transición de los televisores en blanco y negro a los de color.

En Balaídos, las tarjetas se mostraron al mismo ritmo que los goles, con un total de seis: cuatro para el Celta y dos para el Madrid.

A los 72 minutos, Navarro y Roberto Martínez se enzarzaron, resultando en tarjetas rojas directas para ambos. La tensión en las gradas aumentaba, con almohadillas volando al campo.

El gran lío

Con diez minutos restantes, Paul Breitner —aunque algunas crónicas mencionaron a Camacho— empujó a uno de los recogepelotas contra el público, lo que llevó a que el joven necesitara atención de la Cruz Roja. La situación se tornó caótica: más almohadillas volaban y jugadores del Celta se dirigieron hacia el jugador alemán.

Mientras se retiraba al vestuario, una almohadilla golpeó a Breitner en la cabeza, provocando que cayera al suelo con evidentes gestos de dolor. “Con esa abundante cabellera, no parece que le pudiera hacer mucho daño”, comentaba la prensa gallega.

“Está K.O.; dice que recibió un golpe en el mentón”, explicó Miljan Miljanic, entrenador del Madrid, al hablar con la prensa. Breitner, saliendo de la caseta con una novela bajo el brazo, no quiso hacer comentarios sobre lo sucedido.

El enfado de Moreno

Tras el partido, mientras el Madrid viajaba a Viena para el partido de vuelta de los octavos de final de la Recopa, el entrenador del Celta, Mariano Moreno, expresó su indignación. Pirri había afirmado en Estudio Estadio (TVE) que Breitner había sido atacado.

“Es un buen amigo, pero dijo cosas que no son verdad. Yo mismo les ofrecí protección a él y a Velázquez si lo necesitaban”, explicó antes de abordar el incidente con el alemán. “Lo que vimos fue que durante el juego empujó a un niño de diez años y, al final, hizo lo mismo con otro que intentó acercarse a él. Esos dos actos de Breitner fueron los que llevaron al público a reaccionar de esa manera tan humana ante la injusticia cometida por él con niños, repito, de diez años. Este hombre, que lleva poco tiempo en nuestro país y ni siquiera habla nuestro idioma... habrá que perdonarlo, pero que no se dude de que la culpa fue de Breitner”, arremetió.

Todo un personaje

Paul Breitner jugó solo tres temporadas en España, pero dejó una huella imborrable. En la final del régimen de Franco, no dudó en declararse seguidor de Mao. En el invierno de 1976, tras la muerte de Franco, donó medio millón de pesetas a los obreros de Standard Eléctrica, quienes estaban en medio de una prolongada huelga con fuertes enfrentamientos con la policía. Además, fue el sargento Stark en el western Potato Fritz , filmado entre Montana y Almería. Sin duda, un personaje singular el germano de Kollbemoor.

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