La historia inspiradora de Lander Pérez Emparan y su encuentro con Unai Marrero
Un día, Lander Pérez Emparan regresaba a casa con sus padres tras una sesión de quimioterapia programada. En diciembre de 2024, le diagnosticaron leucemia. “Todo cambió, nuestra perspectiva de la vida y nuestras prioridades”, recuerda su madre, Marina.
Era el 15 de abril del año pasado cuando Lander se iluminó al ver la dirección de la ciudad deportiva de la Real. Sus ojos se centraban en los porteros. “Siempre juega de portero con sus amigos”, explica Marina.
La familia —Marina, Lander, su padre Juanan y su hermana pequeña Maddi— se ubicó en una zona apartada, ya que Lander no podía correr riesgos debido al fuerte tratamiento que estaba recibiendo. Desde allí, esperaron a que pasaran los jugadores de la Real.
El primero en pasar fue Zubimendi, quien recordaba a Lander de una visita previa a hospitales infantiles. Martín se tomó una foto con él. Luego pasó Marrero, con los guantes colgados. Otros niños que ya estaban allí le pedían que les regalara los guantes.
Unai sonreía, pero algo le llamó la atención. “Marrero, ¿me dejas probarme tus guantes?”. Sorprendido, el portero de la Real se detuvo, localizó al niño y le dijo: “Toma, por decirme eso, te los regalo”. Lander quedó boquiabierto; la emoción que sintió al volver a casa compensó muchas cosas.
Feliz de ver a su hijo tan contento, ya que Lander no se separaba de los guantes ni para dormir, Marina escribió a Marrero para agradecerle. “Lo hice sin más, pensando que no me contestaría. Solo quería que supiera que había alegrado la vida a un niño que estaba en un tratamiento muy duro. ¡No soltaba los guantes!”, comentó.
Pero Unai respondió. Agradeció el mensaje y se ofreció a visitar el hospital para firmar los guantes. Afortunadamente, la evolución de Lander ha sido positiva y no ha tenido que volver a ser ingresado para sesiones de quimioterapia programadas. Todo va bien y, a principios de 2027, podría finalizar su tratamiento.
Emocionado al verlo jugar en la Copa, Lander consideraba a Unai su héroe, especialmente después de que este fuera el portero en la final de Sevilla. Mientras tanto, Marrero se interesaba por la salud de Lander, alegrándose de que entrara en una fase menos agresiva de su tratamiento.
De vez en cuando, Lander le decía a su madre que esperaban encontrar un día para ir a Zubieta a que Marrero le firmara los guantes. Sin embargo, no cedió en su decisión de ir el domingo al aeropuerto de Hondarribia a recibir a los héroes de la Copa, especialmente a su ídolo, Unai Marrero.
“Cuando llegamos, la primera fila ya estaba llena. Pero allí estaba Henar, un amigo suyo. Su madre llamó a Lander y le hizo un hueco. Él y Julen, otro amiguito, pasaron más de dos horas pegados a la valla esperando. Lander llevaba los guantes, que se le caían varias veces; el ertzaina ya se reía cada vez que se los devolvía”, relata Marina.
Mientras tanto, ella escribió a Unai Marrero para informarle que, aunque sabía que era imposible debido a la multitud, Lander estaba a la izquierda de la salida, armado con sus guantes. No esperaba respuesta ante la avalancha de mensajes que debía recibir el héroe de La Cartuja. Sin embargo, recibió un mensaje de Marrero en euskera, tal como había solicitado: “¡Vamos! A ver si hay suerte y nos vemos”.
Con el ruido ensordecedor, Marina le gritó a su hijo que le pidiera a Unai que le firmara los guantes. Con toda la emoción de Lander, no estaba segura de que el mensaje llegara. Cuando Marrero salió, realizó una entrevista, se giró y buscó a alguien. Localizó a Lander y se acercó a él.
“Lander, ¿cómo estás?”, le preguntó. El niño apenas pudo responder un “bien”. No era consciente de que se convertía en el protagonista de una de las imágenes de la llegada de la Real Sociedad campeona. Regresó a casa con sus guantes firmados, el cariño de Unai Marrero y la felicidad de un campeón.
Le costó dormir esa noche, y su madre tuvo que convencerlo de que dejara los guantes en casa. “Le dije que a ver si los iba a perder, y también porque iban a volver loca a la profesora, que es compañera mía. Pero le prometí que los llevaría al recibimiento para que pudiera saludar a Unai con los guantes puestos”, sonríe Marina al recordarlo.
Esta es la historia de Lander, un niño de ocho años que ha enfrentado una gran batalla junto a su familia. Aunque aún queda camino por recorrer, ya vislumbra la victoria más cerca. En esta lucha, su familia, que cuenta con un exportero de la Real Sociedad, Manuel Cervantes, por la rama materna, siempre estará agradecida a Unai Marrero, el héroe que tiene como ejemplo a otro héroe: un niño de ocho años llamado Lander Pérez Emparan.